miércoles, 17 de febrero de 2010

LOS DIBUJOS QUE ANIMARON NUESTRA VIDA


Los dibujos animados representan en nuestra infancia toda una suerte de hedonismo sentimental, con un poder de atracción difícilmente equiparable con otras disciplinas. No hay nada más sugestivo, para la mente de un niño de temprana edad, como el movimiento colorista de la figura animada y ese poder le acompañará en un viaje que, en algunos casos, puede durar toda una vida. Este artículo rinde un homenaje especial a los dibujos animados televisivos que nos cautivaron a los que nacimos entre las décadas de los 60 y 70.
Con la imagen que figura en la parte superior comenzaban los dibujos de la Warner, con su música particular, que era garantía de diversión pura y dura. Sus genios creadores fueron, entre otros, Tex Averi, Ben Hardaway, Bob Clampett o el legendario Chuck Jones, y su principal característica era el juego típico de quién persigue a quién, acompañado de porrazos y caídas que llegaban a la hilaridad más absoluta. Bugs Bunny era su estrella más rutilante y encarnaba un personaje que llevaba una vida apacible y que, en un momento concreto, era molestado por alguien, algunas veces el cazador Elmer, el Pato Lucas u otro personaje, y entonces era capaz de sacar de sus casillas a cualquiera, empleando un cinismo y unas malas artes que conducían a la locura al incauto agresor. El Pato Lucas, sin embargo, era el típico fullero que tienen como norma fundamental el arte de maquinar para engañar, aunque al final obtenga de todo ello el fracaso más absoluto, si bien es cierto que también ha vuelto loco, en más de una ocasión, al pobre Elmer. El Coyote y el Correcaminos nos recuerdan a las películas mudas de persecuciones entre bribones y policías. No olvidemos tampoco a Silvestre y Piolín, al gallo Claudio, Pepe la Peste o el ratón Speedy González, que fue retirado del mercado en el año 1999 para no ofender a la cultura mexicana, pero fue repuesto en el 2002, gracias a los alegatos de la comunidad hispana en Estados Unidos que no se sentían en absoluto ofendidos por el personaje. Actualmente los dibujos de la Warner son políticamente más correctos y han perdido el carácter gamberro que les caracterizaba y por ende su encanto.

El nacimiento de la Pantera Rosa fue realmente circunstancial, ya que en un principio su misión era aparecer como un dibujo simpático en los títulos del film del mismo título dirigido por Blake Edwards en 1963. La productora The Mirisch Corporation entendió el potencial que el diseño del dibujante Fritz Freleng había dotado a su criatura, y se arriesgó a darle una oportunidad como dibujo animado independiente. Acompañada de la excelente música de Henry Mancini, la personalidad de la Pantera Rosa, educada, elegante y de un fino humor, muy cerca del personaje de Chaplin, Charlot, desarrolla sus aventuras a través de equívocos que dan lugar a momentos de una hilarante sonrisa. Por supuesto es muda, y así debió continuar hasta que alguien terminó estropeando el carácter de nuestro protagonista dotándole de voz. El personaje de Inspector Clouseau está basado en el que interpretó Peter Sellers en la película "La Pantera Rosa" y hereda las mismas características de tipo torpe y despistado que resuelve los casos de forma sorprende, siempre con la estimable ayuda del sargento Dodó. Junto a estas creaciones surgieron otros compañeros de viaje como fueron el Oso Hormiguero, la Pícara Viborita o el sheriff Hoot Kloot y su parlanchín jamelgo.

William Hanna y Joseph Barbera comenzaron juntos en el estudio de animación de Metro-Goldwyn-Mayer y fueron responsables de la primera aparición de Tom y Jerry, hasta que ésta cerró definitivamente la sección de animación en 1957, ocasión que aprovecharon para crear su propio estudio, Hanna-Barbera Productions. Muy criticados por la pobre técnica de animación empleada, entre otras cosas por el elevado número de series y personajes, no obstante hay que reconocer que algunas de sus criaturas fueron realmente buenas, sobre todo por el planteamiento argumental y por la personalidad conferida a cada uno de ellos. Así podemos encontrarnos con Don Gato, una especie de jefe mafioso al frente de una banda callejera entre cuyos miembros destacan Panza, Demóstenes o Benito (éste dotado de una voz diminuta muy simpática), cuyas malas artes son ejercidas por los callejones de Manhattan, enfrentados al oficial de policía Matute. Los Picapiedra se desarrolla en la edad de piedra, en una ciudad llamada Piedradura, y tiene como principal estandarte a Pedro, malhumorado trabajador de una cantera, cuyo mejor amigo es Pablo Mármol, viviendo sus cotidianas aventuras en un mundo en donde la mayoría de los inventos prácticos son ejercidos por dinosaurios muy funcionales. Inspirada por el film "La carrera del siglo" nos encontramos con la descacharrante serie Los autos locos, en la que un grupo muy variopinto participa en alocadas competiciones automovilísticas, teniendo como principales protagonistas a los tramposos Pierre Nodoyuna y Patán a bordo del Súper Ferrari doble cero y cuyos rivales son: El Rocomóvil, conducido por los trogloditas Hermanos Macana; el Espantomóvil, a cuyo volante van Los Tenebrosos, es en realidad un castillo de terror con ruedas; el profesor Locovitch conduce un artefacto dotado de innumerables inventos; el Barón Hans Fritz conduce una especie de avión de la primera guerra mundial; Penélope Glamour competía en un coche rosa muy femenino; el Súper Chatarra Special al mando del sargento Blast y el soldado Meekly es realmente un tanque; uno de los más divertidos es la Antigualla conducido por Mafio y sus pandilleros, salidos literalmente de una película de gánsters de los años 20; el Alambique Veloz a cargo de Lucas, el granjero, y un oso cobardica; Pedro Bello, imagen del galán, está a los mandos del Superheterodino y los últimos competidores son el leñador Brutus y el castor Listus, a bordo de el Troncoswagen, un simple tronco con ruedas de sierra . No olvidemos a otras creaciones de Hanna-Barbera como fueron el guasón pero enfadado gato Jinks (éste es mucho más ingenioso cuando se le dobla con acento andaluz) y sus ratones Pixie y Dixie; el bueno de Maguila el gorila, sempiterno habitante del escaparate de una tienda de animales; Leoncio el león y Tristón; el Escuadrón diabólico, con los conocidos Pierre Nodoyuna y Patán; el lagarto Juancho o la inefable pandilla de Scooby-Doo.
Aunque la primera incursión de la animación japonesa tuvo como primer baluarte la serie Meteoro, lo cierto que el verdadero auge surge con la emisión de Heidi, inspirada en el libro homónimo de la escritora Johann Spyri y que contaba las andanzas de una niña y su relación con su abuelo, un viejo huraño habitante de la montañas suizas, que va cambiado su carácter gracias a la influencia positiva de su nieta. Esta serie gustó a pequeños y mayores, contribuyendo de forma inequívoca a sus altos índices de audiencia, provocando la llegada de otra serie lacrimógena como fue Marco, que tuvo interesado a medio país hasta que el personaje protagonista pudo encontrar a su madre en un viaje desde los Apeninos a los Andes. Pero el auténtico impacto del anime japonés vino de la mano de la mítica serie Mazinger Z, que tenía entusiasmada a la muchachada de este país, hasta que Televisión Española decidió, sin aviso previo, su suspensión por considerarla excesivamente violenta, lo que provocó las airadas protestas de muchos que se sintieron defraudados por su sustitución por la floja Comando G. Aunque vista hoy resulta técnicamente cuestionable, lo cierto es que las aventuras de Koji Kabuto y su fiel robot luchador estaban llenas de acción, resultando legendarios sus enfrentamientos al bruto mecánico de turno enviado por el Doctor Infierno, el Barón Ashler o el Conde Brocken. Para los que ignoran el final de la serie, decirles que al final el Barón Ashler muere en el capítulo 78 en un ataque suicida contra Mazinger Z, que el Doctor Infierno y el Conde Brocken fallecen antes del último capítulo en el que el legendario robot es casi destruido, pero es salvado in extremis por el Gran Mazinger Z, proyecto oculto que se configura como un as en la manga para la victoria final.
Erase una vez el hombre fue una producción, mayoritariamente francesa, muy didáctica que explicaba de forma amena la historia de la humanidad. Un personaje curioso de nuestra infancia era Calimero, un pollito negro con medio cascarón de huevo en la cabeza, que fue creado por los italianos Nino y Toni Pagot e Ignazio Colnaghi, concebido para una campaña publicitaria de un detergente, pero que después, dado su éxito, se convirtió en un personaje con serie propia que al final de cada capítulo decía la famosa frase: ¡Es una injusticia!. Otra serie de gran repercusión fue la producción franco-japonesa Ulises 31, que se desarrolla en el siglo XXXI, cuando su protagonista, al mando de su nave espacial Odiseus, destruye al Cíclope y es condenado por los dioses a errar por mundos desconocidos hasta llegar al reino de Hades. Buen argumento para un anime bien desarrollado que gustó a niños y no tan niños. Una serie casi desconocida fue Súper Agente Cobra, manga de Buichi Terasawa, inspirada en parte por un relato del habitual Philip K. Dick, titulado "We Can Remember it for Wholesale", y que narra las peripecias de un buscavidas y pirata del espacio, que al mando de su nave espacial vive mil aventuras, acompañado casi siempre de mujeres muy bellas de curvas vertiginosas (de hecho su tripulante, Lady Andrómeda, es un robot femenino). Serie, por otra parte, muy bien realizada técnicamente y que tiene cierto tono de cine negro. Basado en un simpático personaje creado por el escritor sueco Runer Johnson, nos llegó el anime germano-japonés Vickie el vikingo, cuyas aventuras querían enseñarnos que es mejor emplear la inteligencia que la fuerza. Todos recordamos las hilarantes persecuciones entre unos hambrientos y escuálidos lobos y nuestro pequeño personaje.
Si tuviera que destacar algunos dibujos animados de nuestros días, lo haría, por supuesto, de Los Simpson y de su lado más oscuro como es Padre de familia, de las aventuras de terror de Agallas, el perro cobarde y de Invasor Zim, delirante serie en las que un extraterrestre canijo es enviado a la tierra para preparar una invasión que nunca llega, acompañado de un robot, más preocupado de comer golosinas que de otra cosa y que tiene como enemigo a un niño neurótico, hijo de un científico. Todos estos y más, han animado, sin duda, los mejores años de nuestra vida ejerciendo el sano y difícil ejercicio de la evasión más sana y divertida. Gracias a todos, por esas tardes de dibujos y pan con chocolate en las meriendas más felices de nuestra niñez. Y como decía cierto cerdito famoso: "¡Eso es to...to...todo amigos!"

jueves, 11 de febrero de 2010

LA NOCHE QUE MURIO KING KONG


Una de las primeras películas que más profundamente me impactaron, cuando era niño, fue "King Kong", la versión de 1933. En los años 70 aún se gozaba de cierta inocencia y la imagen del gran gorila que hoy produce ternura, por lo rudimentario, entonces podía inducir en un niño un terror y fascinación verdaderamente indescriptibles. Tanto o más quedó impresionado el mítico Ray Harryhausen, el maestro del stop-motion (animación fotograma a fotograma), cuando a los 13 años acudió al estreno del film de Merian C. Cooper, y una vez terminada la proyección acudió, como alma que lleva el diablo, a su casa y con el abrigo de pieles de su madre quiso construirse su propio King Kong. Puedo imaginarme que el castigo materno sería severo, pero aquel joven se convertiría años después en un genio indiscutible en el género. Para mí, la emisión en televisión de esta película, tuvo varias consecuencias, la más inmediata fue el miedo que pasé aquella noche interminable, en la que podía imaginar que detrás de las cortinas aparecería, tarde o temprano, la figura gigantesca de aquel ser mítico que, decepcionado por no ser la bella Fay Wray, acabaría por arrojarme al vacío sin remisión alguna. La segunda impronta que me marcó, es que la muerte de la bestia me produjo cierto desasosiego, pues a pesar de temerla, también me producía respeto y admiración, y su caída trágica y fatalista le hacía ser tan vulnerable hasta el punto de no desear su desenlace. El personaje del director , Carl Denhan, pronunciará aquella frase lacónica al final del film que quedará para siempre en los anales del séptimo arte: "No fueron los aviones; fue la Bella quien mató a la Bestia". Bella, por otra parte, que no siente en ningún momento el menor atisbo de aprecio o empatía hacia el monstruo, aspecto que si fue corregido en sus posteriores versiones. King Kong representa un viaje de aspecto onírico hacia el corazón de lo desconocido, una suerte de sublimación de la aventura más ancestral, en definitiva una obra, entonces, innovadora que supuso un soplo de misterio en una sociedad golpeada con la cruda realidad de la gran depresión. En el año 1976 el productor Dino de Laurentiis se atrevió a realizar un remake que no alcanzó ni de lejos las ambiciones que el proyecto prometía. Quiso que la dirigiera Roman Polanski, pero éste argumentó que "no sabría hacer nada con un simple mono", así que el encargo recayó en un más que discreto John Gillermin que había obtenido un gran éxito con "El coloso en llamas". Carlo Rambaldi, el creador de E.T, Alien y los extraterrestres de "Encuentros en la 3ª fase", fue el encargado de dar vida a un gigantesco King Kong de 15 metros, recubierto por 2.024 kilogramos de colas de caballo y accionado por medio de 13.500 metros de cable eléctrico, que por desgracia no resultó demasiado creíble y su presencia fue reducida a la mínima expresión. Se optó por un actor disfrazado, nada menos que el prestigioso maquillador Rick Baker, ganador de 6 Óscar de la academia, y su resultado fue tan impresionante que el propio Laurentiis quiso que se le nominara, infructuosamente, como mejor actor de reparto. El film tiene como única virtud la expresividad de la criatura, pero en líneas generales no es demasiado brillante, aunque, en mi opinión, las críticas demoledoras se han cebado de forma no siempre justificable. De hecho algunos señalan como único punto destacable el debut de Jessica Lange.
Más fortuna tuvo Peter Jackson en su versión del año 2005 que volvió a retomar el espíritu de la película original, pero remozado con el poder de los efectos especiales más avanzados. Con una bellísima Naomi Wats se aborda la trama desde la aventura más extrema, no olvidemos sus continuas referencias a "El corazón de las tinieblas" de Conrad, ofreciéndonos un espectáculo realmente brillante. El diseño de la isla es lo mejor del film, convirtiéndola en un lugar terrible, donde el peligro es inherente hasta la extenuación. Volvemos a encontrarnos con los dinosaurios, aspecto que había obviado el film de Guillermin, y nos ofrece la visión de un King Kong viejo y cansado, el último de su estirpe, en un mundo cambiante y bien recreado por Jackson. Quizás la única pega que se pueda poner a esta película, sea el tono a veces demasiado edulcorado de algunas escenas, sobre todo las que se nos muestra la relación entre la bella y la bestia.
Pero no sólo de gorilas gigantes se alimenta el género, lo hace también de un sinfín de criaturas prehistóricas que vuelven a la vida gracias a genios de la talla del mencionado Harryhausen, responsable, entre otras muchas, de las criaturas de los filmes de Simbad o de los dinosaurios de la Hammer. A esta última productora corresponde "Hace un millón de años", película evidentemente anacrónica, que tiene la virtud de que, por encima de los efectos de Harryhausen, está el cuerpo escultural de Raquel Welch que ha quedado para siempre en la memoria del erotismo cinematográfico. Y es que amigos míos, no hay nada más sensual que las chicas prehistóricas de la Hammer evitando ser devoradas por todo tipo de monstruos, incluidos los de dos patas. Similares influencias tuvieron películas como "El clan del oso cavernario", con una bella mujer cromagnon como fue Daryl Hannah, o la hilarante "Cavernícola", con un Ringo Starr haciendo de troglodita a diestro y siniestro. Un tratamiento algo más serio tuvo "En busca del fuego" de Jean-Jacques Annaud, en donde despuntaba ya el rostro contundente de Ron Perlman acosado por tigres de dientes de sable o, más bien, leones con falsas prótesis dentales. Otro film de gran impacto fue "El valle de Gwangi" del director Jim O´Connolly e interpretada por James Franciscus, en la que se nos presenta un mundo prehistórico oculto en un valle prohibido y descubierto por un grupo de vaqueros que pertenecen a un circo. Rodada en la ciudad encantada de Cuenca nos ofrece un magnífico duelo final entre el protagonista y Gwangi, un tyranosaurus, en el magnífico escenario de una catedral. Otras películas no aplicaron la técnica del stop-motion y utilizaron la fórmula, más barata, de filmar en un primer plano reptiles auténticos y, por medio de transparencias, situarlos como si fueran enormes criaturas prehistóricas. Este fue el caso del remake de Irwin Allen "El mundo perdido", que fracasó en taquilla por el uso de esta técnica tan poco atractiva. Los japoneses empleaban actores disfrazados de monstruos, creando su propio género, el Kaiju-Eiga y, aunque a mi particularmente me resulta algo ridículo, lo cierto es que sus creaciones, Godzilla, Rodan, Mothra o Gamera, alcanzaron un gran índice de popularidad. Los argumentos de estos filmes siempre presentan al monstruo como destructor de ciudades y, esa obsesiva inclinación, nos hace pensar en el residuo que puede quedar de la memoria colectiva de las bombas de Hiroshima y Nagasaki . No obstante, debo reconocer que en mi niñez me impactó un film británico que utilizaba un actor disfrazado para recrear a la bestia, que no era otra que "Gorgo", estrenada en 1960 y dirigida por Eugene Lourie. Aquí podíamos ver grandes escenas como, por ejemplo, cuando la bestia derriba la Torre de Londres y el Big Ben. El final de este film es novedoso, en cuanto el monstruo logra sobrevivir en compañía de su rescatada cría, y es que, al parecer, la hija del director, E. Lourie, siempre lloraba cuando mataban a las temibles bestias. Vista ahora produce una cierta sonrisa y nostalgia de una niñez en el que todo parecía tan real y temible. Ingenuidad infantil que pasó a la historia cuando llegaron los dinosaurios de Spielberg.
Cuando los aficionados al género nos sentamos en el patio de butacas en el año 1993 para ver "Parque Jurásico", nos quedamos literalmente pegados al asiento cuando el Tyrannosaurus aparece en escena. Jamás se habían visto unos efectos especiales tan logrados como para dar vida con tal realismo a los dinosaurios. Spielberg no sólo había acudido a los efectos digitales, sino que los había fusionado con animatronics, con el stop-motion e incluso con personas disfrazadas para conseguir el máximo realismo posible. Pero además "Parque Jurásico, a pesar de las críticas, nos devolvía al mejor Spielberg, tal y como lo demuestra el planteamiento del film. Primero asistimos a la presentación de la película en una escena cargada de violencia y de tensión, pero en donde se sugiere pero no se muestra. A continuación se nos presenta a los protagonistas y, en una introducción didáctica, se nos prepara para la tensión. Después, cuando el público está preparado y ansioso aparece la escena de la visita al parque y la fuga y ataque brutal del Tyrannosaurus. A partir de ese momento es una montaña rusa de acción y divertimento que tiene su culmen en el acto de los velociraptores y posterior huida de los supervivientes. "Parque Jurásico" representa un antes y un después en la animación de todo tipo de criaturas. Lejos quedan ya las entrañables creaciones de Harryhausen y hoy difícilmente admitiríamos una película que los empleara sin más, aunque el caudal de la contribución del tradicional stop-motion es lo suficientemente meritoria como para no olvidarla jamás. Aquellos esqueletos de "Jasón y los Argonautas" son una auténtica obra de arte en la filmación empleada con las artes del fotograma a fotograma.
Otra película interesante e injustamente tratada por la crítica fue "Dinosaurio", producción de la Disney generada íntegramente por ordenador y que no fue un film demasiado apropiado para el público infantil. Narraba la odisea de un grupo de dinosaurios, que después de un cataclismo, se unen para encontrar el último oasis donde es posible la supervivencia. Aunque el argumento es similar a la archiconocida "En busca del valle encantado" es mucho más compleja que esta, ya que hace una interesante reflexión política entre el ejercicio del poder frente al apoyo mutuo.

Algunos críticos dicen que la verdadera obsesión de Roland Emmerich es ser Steven Spielberg, y si esto fuera realmente cierto el director alemán tuvo su propio "Parque Jurásico" con la filmación de "Godzilla", película naturalmente maltratada por la prensa especializada. Aunque tuvo una campaña de promoción muy ingeniosa, ciertamente no es el mejor título de Emmerich, siendo, no obstante, un film bastante entretenido, teniendo como punto culminante por su buena puesta en escena, las secuencias que se desarrollan en el Madison Square Garden.
En definitiva, las películas de monstruos están profundamente arraigadas en nuestra más tierna infancia, son criaturas forjadas en el miedo a lo desconocido y nos fascinan por su poder y su vulnerabilidad. Desde King Kong hasta Godzilla hemos aprendido a querer a estos seres fantásticos, algunos por su entrañable condición y otros por parecer tan temibles como la peor de las pesadillas, pero por encima de todo han formado parte de nuestra cultura cinematográfica más temprana.

sábado, 6 de febrero de 2010

LA GUERRA CONTRA HOLLYWOOD














Hace ya algunos años que en España se inició una guerra, no declarada oficialmente, contra el cine producido en los Estados Unidos, una guerra que ignoro si ha tenido alguna repercusión al otro lado del Atlántico o, cual leve brisa, ha pasado desapercibida. Esto último puede ser realmente ofensivo para los involucrados directamente en el cine español, pues dedican mucho tiempo libre a despotricar contra el cine yankee y aprovechan cualquier acto público, o la presencia de algún micrófono, para lanzar sus diatribas. El último ha sido un reincidente como es Fernando Trueba que al preguntarle por "Avatar" ha realizado las siguientes declaraciones: "No la pienso ver ni aunque me detenga la Guardia Civil. ¡Me acabo de ahorrar 6 euros!. Hollywood es un lugar que ha sido tomado por toda esa raza de ladrones que son los que están hoy en Wall Street, en la política y que dirige las grandes compañías." Ignoro si este corporativismo existe en otras disciplinas artísticas, pero dudo mucho que los escritores, pintores o arquitectos españoles sean tan cáusticos con lo que viene de fuera, hasta tal punto de pedir restricciones e imposiciones legales ante la competencia que pueda mermar sus capacidades. El caso de Trueba es realmente interesante, puesto que es un habitual de la crítica ante el cine norteamericano, pero fue incapaz de vestirse con la misma combatividad cuando le concedieron el Óscar por "Belle Epoque". Olvida el cineasta español que no existe ninguna ley que obligue a nadie a acudir a las salas de cine, y si "Avatar" ha conseguido reventar las taquillas ha sido por méritos exclusivamente propios. Un presupuesto millonario, sin subvenciones, una formidable campaña de marketing y el ofrecer algo realmente novedoso han sido los pilares del éxito del film de James Cameron. En cambio, la última película de Trueba, "El baile de la Victoria", a pesar de su campaña publicitaria, en la que se incluyó su pre-selección para los Óscar, ha sido un rotundo fracaso, tanto de público como de crítica y eso no es precisamente un aliciente para sostener su ataque ante una obra cinematográfica ajena. Su anterior film, no documental, fue "El embrujo de Shanghai" y el resultado fue absolutamente mediocre. Esta fobia hacia el cine estadounidense viene ya de largo. Aun recuerdo en el año en que "E.T." arrasaba en las pantallas de medio mundo, el desaparecido Manuel Summers arremetía contra el film de Spielberg, argumentando que él sería capaz de hacerla mejor, claro que por aquella época el director español se dedicaba al rodaje de obras maestras como fueron "To er mundo é güeno", "La Biblia en pasta" o "Sufre Mamón". Como ven, en el fondo, esto no es nada más que falta de respeto hacia la obra ajena y en última instancia falta de educación.
Arte o industria es el dilema que algunos ven en lo concerniente al cine, como si este se nutriera del aire. Es una falacia que la producción cinematográfica se sostenga de forma artesanal, como la alfarería o el repujado, sino que requiere un coste alto, pues, de lo contrario, nos alimentaremos en el futuro de obras experimentales exhibidas en salas de arte y ensayo. Pero el problema fundamental del cine español es su supervivencia en circuitos comerciales y su falta de independencia en cuanto a fuentes de financiación. Que la obra producida en nuestro país vive de las subvenciones es algo que nadie puede negar. Según el periódico "La Gaceta de los Negocios" en el año 2008 las películas españolas recibieron 85 millones de euros de las administraciones públicas y, sin embargo, fueron incapaces de recaudar más de 80 millones de euros. Aunque el instituto de la Cinematografía de las Artes Audiovisuales corrigiera la cifra en casi 70 millones de euros, eso tampoco nos puede hacer suspirar en demasía. En Francia, que también se subvenciona el cine, se asegura, por otra parte, que tal financiación sea dirigida a aquellas producciones que puedan aportar rentabilidad y calidad. En España, por el contrario, se prima el exceso de filmaciones y no importa el nivel obtenido, tal y como podemos demostrar con títulos de obras de dudosa calidad como pueden ser "Fuga de cerebros" o "Mentiras y gordas", por otra parte, más rentables que otras pretensiones más artísticas. Porque, al final, quienes salvan el año en la industria española, no son precisamente las películas de Fernando Trueba, sino producciones comerciales como "Torrente" o "Mortadelo y Filemón".
Aún recuerdo, asombrado, cuando en una entrega de los premios Goya, la presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que si no recuerdo mal era Marisa Paredes, realizó una soflama contra "Nemo" y, como efecto colateral, contra el público infantil por acudir a las salas de cine y convertir el film de la Pixar en un éxito indiscutible. Este tipo de discurso, en el que se arremete contra lo que viene de EEUU, es algo ya muy habitual en las galas de premios en España. Pero, la argumentación es falsa y malintencionada, pues la respuesta lógica hubiera sido: Intentemos realizar aquí algo de la misma calidad y prestigio. El tiempo ha demostrado que, con iniciativas valientes, se puede lograr, como es el caso del film español de animación "Planet 51", que con un presupuesto de 60 millones de dólares y varios años de trabajo a conseguido exhibirse en 3.500 salas de Estados Unidos, convirtiéndose en la película española más taquillera en 2009 a nivel mundial. Otro caso interesante ha sido el de "Ágora", un ejemplo de que en España también se pueden realizar superproducciones. Si tu enemigo tiene éxito, imítale en su proceder.
En esta guerra vale todo y, evidentemente, las mentiras a medias son parte fundamental de la misma. Se suele decir, sin un mínimo de reflexión, que el 90% de las películas malas que se proyectan en los cines vienen directamente de Estados Unidos. Esto quiere decir que las que tengan como país de origen China, Francia, Portugal o el mismo infierno son obras de una calidad contrastada. Esto es falso, pues en todos los sitios se filmaran películas buenas, regulares o mediocres. Los defensores de esta falsa premisa piensan que los grandes creadores están fueran de la meca del cine, y los que pudieran existir se han prostituido hasta la médula. Trueba es de la opinión que el séptimo arte está en manos de quienes quieren hacer negocio. ¡Evidente querido amigo!. Aquí no está papá estado para costear las pérdidas ocasionadas por los creativos con afán de genios, sino una industria que quiere beneficios y si, de todo este pozo de ambición, surgen al cabo del año diez buenas películas, bienvenidas sean. Pero en Hollywood también existen directores, que dado su éxito, tienen el suficiente poder como para gozar de cierta libertad creativa. En el caso de James Cameron es más que meridiano, o acaso no creen ustedes que después de las millonarias cifras de recaudación de "Titanic", el director canadiense no tenía los suficientes argumentos y capacidad económica para pagarse su independencia. Por eso se equivoca aún más Fernando Trueba, en el momento que se refiere a "Avatar" como fruto del poder económico de los tiburones de Wall Street, cuando Cameron ha realizado la película a su antojo, dedicando millones en presupuesto y años para la preparación de la tecnología requerida. Otro caso distinto es si la película aporta una calidad como tal, o es tan solo un mega-espectáculo digno de ser visionado. Personalmente creo más en lo segundo, aunque el tiempo lo dirá con mayor perspectiva que yo. Si alguien tiene dudas que se pregunte si Martin Scorsese, Steven Spielberg, George Lucas, Woody Allen o Francis Ford Coppola están al servicio de las altas finanzas o tienen el suficiente prestigio para dirigir de forma más o menos independiente.
Y si el dinero es un problema, también han existido directores que con bajos presupuestos han conseguido realizar películas de gran prestigio. Roger Corman es un claro ejemplo de como afrontar la realización de films abordando como bandera la producción de serie B, a cuyo amparo se han desarrollado directores tan importantes como Coppola, Scorsese, Ron Howard, Peter Bogdanovich o John Sayles. Otro maestro del cine de bajo presupuesto es John Carpenter que con la ridícula cifra de cien mil dólares, unos actores desconocidos y un paupérrimo decorado pudo filmar una obra magnífica como "Asalto a la comisaría 13". A Kevin Smith le bastaron 27.575 dólares, unos actores aficionados, una tienda de autoservicio y un guión con unos buenos diálogos para realizar la muy estimable "Clerks". Que no decir de Spielberg y su conocido "El Diablo sobre ruedas" o de la sobrevalorada "El proyecto de la Bruja de Blair" que consiguió una recaudación de 248 millones de dólares, invirtiendo solamente 35.000. Un ejemplo aún más extremo: Robert Rodríguez rodó "El Mariachi" con siete mil dólares y recaudó casi 20 millones.
Con esto quiero decir que cuando no existe una financiación a fondo perdido por parte de administraciones públicas, los creadores con talento y olfato son capaces de crear productos muy dignos, idóneos, por sí mismos, de generar la suficiente confianza como para afrontar nuevos retos con presupuestos más holgados. Un caso muy curioso de ingenio para obtener grandes beneficios en taquilla, fue el ideado por los italianos con la complicidad de algunos distribuidores españoles, principalmente en la década de los 80, que consistía en hacer pasar sus productos por secuelas de grandes éxitos del cine norteamericano. Así podemos encontrarnos con "Alien 2" dirigida por Ciro Ippolito o "Tiburón 3" de Enzo G. Castellari. Otros, se cambiaban el nombre por uno que pareciera más americanizado, como Antonio Margheriti que se hizo llamar Anthony M. Dawson y que tenía el valor añadido de realizar muy buenos carteles de sus películas para atraer a un público incauto, que creía asistir a una producción made in USA. En España, Jesús Franco, fue sin duda, otro artista del seudónimo. Este tipo de proceder es igualmente una guerra para llevarse una ración del pastel que representa el poder de convocatoria del cine producido en Hollywood, pero es mucho más digno y habilidoso que el lloriqueo actual de los creadores españoles, más pendientes del exterior que de realizar buenos proyectos. Porque el actor o director español tiene también la costumbre de hacerse el interesante, menospreciando la forma de rodar en Estados Unidos y manifestando que ellos no aceptarían un trabajo con tales maneras y costumbres. Claro que, algunos han terminado trabajando para esa misma maquinaria de hacer dinero y los que han dejado escapar el tren, se han conformado con papeles mediocres en alguna serie de tv, léase el caso de Assumpta Serna que tras criticar el cine de Hollywood terminó trabajando en algún capítulo de "Falcon Crest".
El cine español no puede pretender que sus recaudaciones alcancen el mismo nivel que el norteamericano, entre otras cosas y aunque sea de perogrullo, porque este último invierte más y necesita recaudar lógicamente más. Vive y deja vivir sería una consigna muy acertada, porque lo que es imposible es encorsetar el gusto de los espectadores e imponerles un criterio a capricho. En unos tiempos en los que el cine, como expresión en la aldea global, se enfrenta a la piratería indiscriminada no es momento de limitar el cine comercial de éxito, venga de donde venga, porque tal acto arrastraría a los proyectos mas minoritarios a su certera extinción. Me gustaría terminar con unas declaraciones de un director de gran éxito en los 70 y 80 y, aunque el nivel de su filmografía no sea de un gusto demasiado exquisito, lo cierto es que sus palabras al diario La Razón están cargadas, válgame la redundancia, de razón. Se trata de Mariano Ozores y esta es su reflexión:
"Antes escribías un guión, se lo dabas al productor, éste se ponía de acuerdo con un distribuidor y rodabas. Ahora hay un jefe de producción que te pide 10 copias para enseñárselo al político de la comunidad, al directivo del canal tal o cual, a la comisión del Ministerio, a mi prima la de Cuenca, y se produce un amontonamiento de individualidades. A cada uno le dan 7 duros y, si cubre el presupuesto, luego ya da igual que se estrene.
Como están obligados por ley, deben elegir entre lo que les presentan. Y la mayoría no tiene ni idea de cine ni lo que le gusta al público. Así se hacen 130 películas al año y hay una o dos que ganan, tres que se defienden y la mayoría son deficitarias. Echamos al público del cine español"

lunes, 1 de febrero de 2010

MIS COMICS FAVORITOS

Jean es un tipo normal, uno mas del engranaje del sistema, uno más entre muchos que vive una vida gris y monótona en un París despojado de cualquier atisbo romántico. Una noche se dispone a divertirse en compañía de su novia, Janine, pero la diversión de ambos es quemar el tiempo para que todo pase y nada llegue. Después de una aburrida riña, Jean se marcha solo a su casa, pero jamás llegará, pues sin darse cuenta acaba de entrar en otra dimensión, conocida como la ciudad, un lugar extraño e infinito habitado por náufragos de todo el mundo y de otras épocas, en donde salvar la vida es el principal hecho cotidiano. En la ciudad encontrará a Karen, una prostituta, que le ayudará a sobrevivir en un mundo fantástico y verdaderamente peligroso. Este es el argumento de "Ciudad" del guionista argentino, prematuramente desaparecido, Ricardo Barreiro y del dibujante Juan Giménez y ambos nos sumergen en una aventura épica de dos personas que buscan, desesperadamente, una salida de una ciudad sin límite y que esconde un sinfín de peligros en cada recoveco de sus singulares calles.


Aniceto Papandujo es contratado por Atilo Pérrez, jefe de la F.E.A. (federación espías asociados), para que elimine al Superintendente de la T.I.A., usando como arma las malas artes de la brujería que domina el tal Aniceto. A partir de ese momento una serie de maleficios y encantamientos se apoderan del cuartel general del Superintendente Vicente y de todos sus agentes, en especial de Mortadelo y Filemón. Estas son las premisas con las que se desarrolla "El Brujo", una de las mas hilarantes aventuras de los personajes creados por Ibañez. No la he escogido por su dibujo elaborado, para eso me hubiera inclinado por "El sulfato Atómico" o "Valor y al toro", sino por su descacharrante argumento lleno de situaciones absurdas y surrealistas, siempre bañadas por el típico sentido del humor inofensivo de Francisco Ibáñez. Lamentablemente las adaptaciones al cine no han sido demasiado afortunadas, captando en muy contadas ocasiones la idiosincrasia singular que rodean al mundo de Mortadelo y Filemón.


Con el mundo al borde de una guerra nuclear, al amparo de la noche, es asesinado El Comediante, un superhéroe que trabaja a las ordenes del gobierno norteamericano. Un antiguo amigo, Rorschach, cree que alguien planea matar a los vigilantes y con la ayuda del Búho nocturno inician una investigación que les llevará a las puertas de una conspiración de consecuencias trágicas para la humanidad. "Watchmen" es uno de los cómics de culto más emblemático para los aficionados al género de los superhéroes, y representa un grado de complejidad tal, que es en sí un tratado psicológico sobre la condición de héroe o villano y de la estrecha línea que los separa. No en vano su guionista es nada más y nada menos que el mítico Alan Moore, responsable, entre otras, de las novelas gráficas "V de Vendetta", "Desde el infierno", "La liga de los hombres extraordinarios" o "La cosa del pantano". A los lápices está Dave Gibbons, ganador del premio Eisner, que cumple eficientemente su labor de ilustrador de este denso y complicado cómic. Aunque los más fervientes admiradores y fetichistas de esta obra criticaron su adaptación al cine, creo sinceramente que el trabajo de Zack Snyder es elogiable, pues ha sabido plasmar casi al completo el complejo mundo de "Watchmen", modificando mínimamente su trama argumental hasta el punto de mejorarla.

Vito es un pobre diablo, un buscavidas de la ciudad de Metropol, cuyo único objetivo en este cochino mundo es ganar un millón antes de cumplir los 20 años para montar un negocio que le permita ser rico y vivir como los grandes. Tiene un grupo de rock, pero su principal actividad es el trapicheo, la estafa y el robo. Sus planes se truncan cuando recibe la notificación de incorporarse al servicio militar, de forma inmediata, y de nada le servirá la ayuda de su compinche "El chato" para intentarse zafar de sus obligaciones con la patria. Con estas mimbres arranca esta peculiar historia del marginado "Vito" y su experiencia en la popularmente conocida "mili". Segura y Saladrigas son los responsables de las peripecias de su personaje, con un tratamiento que va desde el realismo más sórdido hasta el absurdo más divertido.


Imaginen que Superman en vez de aterrizar en Estados Unidos lo hubiera hecho en la URSS. Este es el ingenioso argumento escrito por el guionista Mark Millar y dibujado por Dave Johnson y Kilian Plunkett que lleva el sugestivo título de "Superman Rojo". En este cómic el superhéroe más representativo de DC es un aliado de Stalin, mientras en América Lex Luthor, casado con Lois Lane, tiene como misión del gobierno el crear un arma que neutralice a Superman. Cuando Stalin muere, nuestro singular héroe toma, a regañadientes, las riendas del país y por medio de sus innumerables poderes impone un bienestar general pero ausente de libertad, teniendo como adversario un héroe de la resistencia, cuyos padres fueron asesinados en las purgas comunistas, y que recibe el nombre de Batman. Historia bien escrita y dibujos correctos en donde lo único que desentona es la aparición del supervillano Brainiac.

Martínez el Facha fue creado por Kim en el año 1977 y se publica regularmente en la revista "El jueves". Sus historias delirantes y las desgracias que siempre terminan padeciendo los personajes hacen que al final, y a pesar de su ideología, resulten tremendamente entrañables. El protagonista es Martínez, casado, y en cuyo domicilio vive de gorra su yerno Martín, especialista en buscarse la vida sin pegar golpe, y, como refugiado político, el padre Bocquerini. Martínez y su fiel amigo Adolfito siempre tienen que cumplir el descabellado plan de su jefe el Señor Morales. Sería difícil resaltar alguna historia por encima de las demás, pues la mayoría son francamente buenas, aunque si me tuviera que decidir elegiría aquella en la que nuestros personajes se embarcan como voluntarios en la guerra de Irak. Por cierto, que magnífica recreación de Martínez el Facha podría haber realizado José Sazatornil.

Beto Benedetti es un inmigrante del sur que vive en una ciudad opresiva en un futuro no muy lejano, en donde existen ciudadanos de primera y de segunda clase y un mundo en el que el estado lo controla todo a modo de gran hermano. La represión es algo cotidiano y la infelicidad se apodera de muchos de los habitantes de este futuro gris, pero, a diferencia de otras historias, nuestro protagonista intenta sacar el mejor partido posible a su controlada vida, en forma de iconoclasta y socarrona respuesta al poder. El encargado de plasmar esta historia, tanto como guionista como dibujante, es el maestro argentino Horacio Altuna, especialmente hábil en desnudos femeninos, a la altura de Luis Royo o Milo Manara.


Ramón Tosas Fuentes, popularmente conocido como Ivá, fue responsable, entre otros, de dos personajes ya emblemáticos como fueron Makinavaja "El último choriso" y el sargento Arensivia como protagonista de "Historias de la puta mili". Sus relatos son realmente divertidos, porque Ivá no solo nos ofrece un tipo de dibujo realmente delirante, sino que además inventa un lenguaje muy peculiar que, con solo leerlo, nos induce la sonrisa más sincera. Ivá trabajó en las revistas satíricas "El Papus", "Hermano Lobo", "Barrabás" y el "Jueves", y un accidente de tráfico nos privó de su genio un 22 de julio de 1993.

El día que murió Gwen Stacy fue un día señalado para la historia de la Marvel, entre otras cosas, porque nadie tendría garantizada su vida en el intrincado mundo de las luchas de superhéroes y marcaría profundamente la trayectoria individual de Spiderman. Dibujada magistralmente por Gil Kane, la historia es emocionante hasta la médula y se llevará también por delante la vida de un clásico entre los villanos como era el Duendecillo Verde.

Bajo el título de "Cosmopolis" Rafael González Negrete nos ofrece un trabajo realmente interesante, en donde se nos cuentan las andaduras de varios personajes, humanos y extraterrestres, cuyo denominador común es que se desarrollan en el planeta Cosmopolis. Son varios cuentos de ciencia-ficción, algunos con mensaje y otros cargados de ironía, realizados con gran talento y eficacia. Especialmente jocoso es el que nos cuenta la historia de un extraterrestre enamorado de una humana que, por temor a ser rechazado por su aspecto, transfiere su mente a la de un vagabundo de raza humana, terminando el relato con una sorpresa especialmente hilarante.
Los Profesionales narra las peripecias de una redacción de historietas gráficas, haciendo especial hincapié en aquellas anécdotas más divertidas. Carlos Giménez es uno de los historietistas españoles que más prestigio ha alcanzado en su carrera profesional, incidiendo especialmente en su vocación de denuncia política, a veces cargada de excesiva moranila, siendo mi opinión que esta obra que nos ocupa está libre de tales influencias y es realmente un sano ejercicio de diversión.